Felisa sufrirá durante años un tremendo rencor, ya que los afines de aquellos que mataron a su padre y hermana harán de ella víctima de su propio odio. Felisa se hace monja con la idea de que convertida en la hermana Elena conocerá el perdón y la misericordia. Sin embargo, una vez más en lugar de amor padecerá una exclusión cruel.








