Elena pasa el día junto a la ventana mirando a la calle, como quien ya ha hecho todo lo necesario en este mundo. Los hijos le han traído a una chica ecuatoriana para ayudarla en las labores del hogar y para que se anime a salir a la calle. Sin embargo, Elena quiere quedarse ahí, agarrada a sus memorias. Es la segunda novela de Karmele Jaio, en la que describe con finura la esencia de los personajes, y sobre todo, subraya la magnitud de la enorme sinfonía que es la vida.



