Esta crónica cotidiana se inicia con la perspectiva de una mudanza de domicilio, y acaba en una mudanza mucho más agria: el despido.
La ternura se cuela en las páginas de este diario tanto cuando Irurzun habla de su entorno afectivo, de su hijo nacido antes y de su hija, cuyo nacimiento nos relata en directo, de su compañera, de sus amigos, de su cosmos, como cuando nos habla de esos seres que lo que denominamos «sistema» expulsa de su interior como materia inservible, ya deglutida, digerida y amortizada.







